«Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo»
Frase de Eduardo Galeano
No he conocido una ciudad en Latinoamérica donde sus habitantes estén enteramente satisfechos con los esfuerzos que realiza el gobierno local en cada ciudad. Así es, las calles nunca son suficientes, el sistema de transporte público siempre es deficiente, en algunos países le dicen «el trancón» «el tranque» «la presa» «el tráfico» o simplemente «embotellamiento» , el atasco parece un problema difícil de resolver. Ni que decir de la estética y el ornato, afectados en muchas ciudades por graffiti tipo gueto, pero no gueto cultural sino más bien chabacano y de mal gusto. Otra característica común de nuestra región es la falta de iniciativa generalizada de cada ciudadano por mejorar las cosas. Hace un tiempo atrás nos llamó la atención «la teoría de la ventana rota», esta habla sobre la existencia de una relación entre el descuido y falta de mantenimiento en las casas y edificios de una ciudad y sus tasas de criminalidad, falta de civismo y deterioro generalizado de la calidad de vida que puede ofrecer esta a sus ciudadanos. El espíritu emprendedor nos obliga a mejorar a diario, y esto debemos hacerlo en todo nuestro entorno, en lo que respecta a vivir en una ciudad más agradable, la llave para lograrlo es empezando por nuestra habitación, nuestra casa, nuestro lugar de trabajo. Con pequeñas mejoras podemos colaborar de acuerdo a nuestras posibilidades para revertir la falsa idea que es sólo deber del gobierno hacer mejores calles e invertir millones de millones en modernos sistemas de transporte que quizá nunca veremos en nuestra vida. No esperemos a ver esas milagrosas obras, seamos nosotros el cambio, considere estos sencillos pasos para lograrlo:
- Ordene su casa
- Bote o regale todo lo que no necesita (desapego de las cosas)
- Arregle todo aquello que no funciona en su casa
- Reacomode los ambientes para buscar que sean más prácticos y funcionales
- Manténgase buscando mejoras (pinte, reemplaze, remodele)
- Hágalo lo mismo en su lugar de trabajo
- Fin del trabajo
Así de sencillo, muchas veces eso es todo lo que podemos hacer en la realidad, para la mayoría no está en nuestras manos decisiones estatales sobre si una obra va o no. Pero si todos adquirimos la costumbre de la mejora constante, imagínese los efectos expansivos que esto podría tener para su ciudad, estado, país y para el mundo finalmente. Quizá también esto se contagiaría a los tomadores de decisión y ese orgullo por tener espacios agradables sería la norma y no la excepción, quizá esas «burbujas» de calidad de vida se empezarían a convertir en islas y luego algunas de estas islas irían creciendo hasta pegarse y convertirse en continentes. Por último mientras usted no sea capaz de crear un ambiente agradable y digno en su casa, mejor no se queje de lo que no hacen los gobernantes.
Sigamos el #CaminoMenosTransitado

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