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«Mi trabajo NO es hacérselo fácil a la gente. Mi trabajo es hacerlos mejores… También tomar personas importantes dentro de la compañía para apoyarlos y que sean aún mejores…»

Steve Jobs

«Cascarrabias», «terco», «amargado», «histérico», «obsesivo», «viejo necio»entre otros son sólo algunos de los mejores calificativos que suelen recibir los emprendedores o líderes de parte de sus subalternos.

Ese jefe que nunca está satisfecho con la calidad de producto o servicio que entregaron sus colaboradores al cliente final es normalmente percibido como una persona que sólo puede ver los defectos y no es capaz de exaltar lo bueno.

Sin embargo ese «perfeccionismo» u «ojo clínico» para encontrar el defecto en el escrito, email, diseño gráfico y/o servicio al cliente es en muchas ocasiones necesario para sacar a una empresa más del montón a convertirla en un icono de su respectiva industria.

Toda organización requiere de un «viejo o vieja necia» para lograr trascender y luego poder seguir innovando. Si algo distingue al emprendedor-necio es una tradición de observar detenidamente desde los detalles más absurdos hasta las conjeturas más enrevesadas sobre situaciones del día a día. Esa obsesión para observar luego de los años le permite corregir lo que este cree está «mal hecho» o que aún puede mejorar (y siempre cree que se puede mejorar).

En ocasiones cuando los colaboradores sienten de parte de su jefe que la presión es demasiada, pueden llegar a confundir dicha necedad con una especie de Bullying Emprendedor y pueden querer «tirar el tapón», después de todo ellos no albergan esa «llama» en lo más profundo de su alma.

Desde hace muchos años las más prestigiosas escuelas de negocios del mundo han predicado sobre la conveniencia que tienen las empresas de contar con diferentes tipos de lideres según su etapa de evolución comercial. Una startup requiere más que ningún otro tipo de empresa de este necio que cree en contra de todos las pronósticos que su idea es mejor que la de los demás y que es única a pesar de que la realidad sea otra.

Si usted desea no sólo trabajar de 9 a 5 sino más bien dejar un legado y convertirse en un icono de su industria debe de tener en cuenta que su nivel de necedad u obsesión por la mejora continua o kaizen en los procesos de su negocio es vital para lograrlo. Sepa que todas las empresas que trascienden en servicio al cliente, calidad e innovación tienen uno o varios necios «detrás del volante».

¿Se considera usted un necio o necia en su trabajo o empresa?

En ocasiones, el camino menos transitado es el único camino.

Augusto Arce